Posteado por: beatou | 16/11/2009

SAMURAIS

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Retrato de un grupo de samurais de Satsuma

El samurai fue un producto de las circunstancias históricas de Japón, de una lar­ga evolución social y política que culminó en los siglos XVII y XVIII con la configuración de una verdadera cultura, que ha im­pregnado desde entonces la vida de Japón.

 

Los orígenes de la clase samurai se remon­tan a los siglos IV y III a.C, cuando aparecie­ron élites armadas en los grupos tribales que, dada la configuración geográfica de Japón, formaban pequeñas entidades sociales. Estos grupos se fueron convirtiendo en grandes cla­nes sometidos a la institución imperial, fre­cuentemente enfrentados entre sí. A los miem­bros de la élite guerrera se los conocía como bushi, término que significaba «servidores» y que se convirtió en sinónimo de «guerreros»; el término «samurai» tenía una connota­ción más cortesana, aunque a menudo ambos se empleaban indistintamente.

El ascenso de los samurais como clase so­cial se inició en el período de Heian y cul­minó con la derrota absoluta del sistema de gobierno aristocrático en la llamada guerra Gempei, a finales del siglo XII, cuando toma­ron el poder. El vencedor de esta guerra, Minamoto Yoritomo, asumió el poder efectivo en el país, dejando a un lado al emperador, y tomó el título de shogun. Cabeza de un clan re­gional, Minamoto estableció la supremacía de la casta de los samurais, que desde entonces y durante cuatro siglos tendrían un gran prota­gonismo, tanto en la defensa del país -por ejemplo, rechazando la invasión mongola del siglo XIII— como en las sucesivas guerras en­tre los diversos señores feudales.

La crónica inestabilidad del Japón feudal llegó a su término con la batalla de Sekigahara (1600), en la que el señor feudal Tokugawa Ieyasu derrotó a los clanes rivales y, des­de su cargo de shogun, asumió para sí y sus su­cesores el poder absoluto en Japón. Inaugu­ró así el llamado período de Edo (1602-1867), por el nombre de la ciudad en la que los Tokugawa establecieron el poder —Edo, llama­da tiempo después Tokyo-, mientras el em­perador permanecía recluido y controlado en la antigua capital de Kyoto.

LA PIRÁMIDE FEUDAL 

En la sociedad japonesa del siglo XVI, los sa­murais formaban una casta familiar al servi­cio de la alta nobleza, los daimyo o señores. Es­tos ejercían su poder mediante una red de vín­culos personales y familiares que constituían una jerarquía típicamente feudal. En la cúspi­de de la pirámide se hallaba el daimyo y su fa­milia directa; debajo se situaban los llamados fudai, o sea, las familias que desde siempre ha­bían estado al servicio de la familia principal. Luego se encontraban los vasallos propiamente di­chos, quienes a menudo eran señores de­rrotados que rendían vasallaje a cambio de conservar sus propiedades. De este modo, el daimyo vencido en una guerra feudal y sus ge­nerales pasaban a formar parte del estado ma­yor del vencedor.

Junto a esta organización política existía otra estrictamente militar, y era en ella en la que los samurais tenían un papel destacado. Habían muchas categorías de sa­murais, hasta 17. De ellos se esperaba que acu­dieran a la llamada del señor a la guerra apor­tando su caballo y sus armas, así como hombres equi­pados, todos dispuestos para entrar en com­bate. Por debajo de ellos, pero todavía dentro de la clase samurai, estaban los sotsu o tropas de infantería, que a su vez se dividían en 32 categorías. Todos ellos, a excepción de los más altos rangos, se dedicaban a cuidar de sus feudos, pero estaban obligados a responder a la llamada a combate cuando se les requiriera y a aportar el equipamiento que estuviera es­tablecido según su rango y riqueza (medida en unidades de arroz, o koku).

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Retrato de bushis prestos a combate con sus vestimentas militares

En la base de la pirámide estaban los ashi-garu. Constituían la gran masa de los comba­tientes -hasta la mitad del total- y podían ser arqueros, lan­ceros, portaestandartes, servidores, etc. En tiempo de paz trabajaban como jornaleros del samurai que los tenía a su cargo. En principio no existía un vínculo feudal entre ellos y su señor samurai, pero la continuidad de las familias ashigaru al servicio de determinados samurais acabó creando una relación de dependencia. Esta categoría fue durante largo tiempo la puerta de acceso a la clase samurai, hasta que en 1591 Toyotomi Hideyoshi, regente del emperador, promul­gó el edicto de Separación, que cerró esta vía de promoción social, y que fue el primer paso de la organización social neoconfuciana que se impondría en las décadas posteriores.

GUERREROS EN TIEMPOS DE PAZ

Esta estructura feudal se mantuvo durante el largo período de Edo, aunque poniéndose al servicio de la dinastía que ejercía el poder efectivo, los shogun Tokugawa. El shogun con­taba con la lealtad de los grandes señores que lo habían seguido en la batalla de Sekigahara, quienes por su parte mantenían en sus castillos un importante contingente de tropas y servidores. Gracias a este equilibrio de poder Japón se mantuvo en paz, sin gue­rras internas, durante los siguientes tres siglos, hasta la Restauración Meiji de 1868. To­do ello tuvo consecuencias inmediatas para los samurais. En apariencia, nada había cam­biado, y las formas feudales tradicionales seguían plenamente vigentes, pero los Tokugawa impusieron un sistema social casi ina­movible y basado en la represión, que hacía de los samurais una casta cerrada, protegida de aspirantes a entrar en ella pero también to­talmente sometida al poder.

Sobre todo, la paz que vivió el país en el pe­ríodo de Edo hizo que la naturaleza de los samurais cambiara profundamente. Sin opor­tunidades para ejercer su función guerrera, el único campo que les quedó para el lucimien­to de sus habilidades marciales fue el duelo privado. Miyamoto Musashi, por ejemplo, au­tor de un célebre tratado sobre el samurai (el Libro de los cinco anillos), asegura que entre los 13 y los 30 años libró más de 60 combates.

Al mismo tiempo, los samurais aprovecha­ron la situación de paz para ampliar su for­mación intelectual y técnica e integrarse en la sociedad civil, desempeñando trabajos ad­ministrativos o docentes. En particular, asu­mieron la administración de los feudos de los señores a cuyo servicio se encontraban, en los largos períodos que los daimyo estaban obli­gados a pasar en la corte shogunal, práctica­mente recluidos. No fue raro tampoco que enlazaran con la despreciada burguesía ascendente (chonin), la cual lograba así apropiarse del prestigio social que los samurais seguían conservando; un proceso que sería excesivo calificar de fusión, pero que tuvo gran im­portancia para la expansión de los valores sa­murais en el conjunto de la sociedad japone­sa hasta el mismo siglo XX.

LOS DESARRAIGADOS

Otros samurais, en cambio, al desaparecer las casas feudales a las que pertenecían, queda­ron sin señor al que servir y se convirtieron en guerreros errantes. Eran los ronin, Algunos de estos elementos desclasados fueron fuente de serios proble­mas de bandolerismo y delincuencia, pero otros se convirtieron también en héroes populares. Una de las historias más características y célebres es la de los «Cuarenta y siete ronin» (ya tratado en este blog).

A lo largo del período de Edo los samurais siguieron cultivando las artes guerreras, co­mo el tiro con arco y la esgrima. Esa práctica se inspiraba en gran medida en el budismo zen, del que tomaban la exigencia de sobrie­dad y la concepción del combate como una lucha psicológica. Su principal signo de iden­tidad era el sable, que encarnaba todas las vir­tudes del guerrero. Poder llevarlo era un pri­vilegio y una marca de clase desde la célebre Katana-gari de 1590, un decreto que despojó a la población civil de ese derecho. El sable era objeto de veneración, pre­sidía el salón principal de la casa y recibía es­merados cuidados. En la infancia, al samurai se le entregaba uno de madera en una cere­monia formal, rito que se repetía en la ado­lescencia, ahora con una espada auténtica. Los samurai eran los únicos que podían llevar dos espadas, llamadas daisho, como distintivo de su estatus exclusivo como guerreros. Estas dos armas, la larga katana y la wakizashi, más corta, se llevaban juntas, aunque normalmente no se utilizaban a la vez como armas, excepto por Miyamoto Musashi que se salía de la norma porque en su estilo “Dos Cielos” se utilizaban las dos espadas al mismo tiempo.

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En poder de estos samurais retratados están las principales (pero no las únicas) armas por ellos utilizadas, arco, lanza y daisho (Katana + Wakizashi)

Pero lo que más definió el carácter de los samurais en el período de Edo fue la filoso­fía confuciana. Al niño nacido dentro de una familia samurai se le educaba desde la cuna en el sentido de la autodisciplina y el ejercicio continuo, a la vez que se le proporcio­naba un profundo conocimiento de los tex­tos confucianos. Estos textos transmitían los valores básicos para cada clase social, entre los que el principal era el sentido del deber, entendido como «deuda» hacia el empera­dor, el señor y la familia. El samurai crecía im­buido del principio de «devolución de la deu­da», una obligación moral y ética que a me­nudo se generalizaba bajo el término giri.

EL CÓDIGO DE HONOR 

Junto con el principio del cumplimiento del deber, a los jóvenes samurais se les inculca­ba el desprecio a los bienes materiales, al do­lor y, por encima de todo, a la muerte. Esto último hacía que al samurai se lo compara­ra con la flor del cerezo, tan efímera que es arrancada del árbol al primer soplo de brisa; como ella, el samurai debía estar dispuesto a morir en cualquier momento.

Si el dolor y la muerte eran despreciables, se exaltaba en cambio la virtud por excelen­cia del samurai: la lealtad.

Fue en el siglo XVII cuando cristalizó el có­digo de honor samurai, el bushido, que aunque se venía definiendo desde el siglo VIII no al­canzó su perfección hasta la expansión de los principios neoconfucianos. El bushido se defi­ne como la «vía del guerrero» (de bushi, «gue­rrero», y do, «vía»), y se compone de diver­sos principios: el gi, o la aptitud justa; yu, o la bravura; rei, o el comportamiento justo; mokota, la sinceridad total; meylo, el honor y la glo­ria; y el chigi, lealtad. Como tal, el samurai de­bía tener un comportamiento modélico. No siempre fue así, pues no faltaron los samurais violentos y peligrosos y de actitud indigna, pero lo cierto es que toda la sociedad japone­sa se miraba en ellos como en un espejo.

En ello radica la importancia de la figura del samurai, pues, a pesar de los cambios que experimentó a lo largo de la historia, supo crear una ética y unos valores tan inamovi­bles que aún hoy conservan su vigencia.

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La armadura de los samurai fue cambiando. Desde el casco a los pies se componía de elementos tan dispares como hierro, cobre, madera, cuero y seda. Las armaduras modernas pasaron a ser corazas, como las usadas en occidente, para protegerse de las armas de fuego.

Basado en el artículo Samuráis: Los Guerreros de Japón de Luis Caeiro (fragmento), Revista HISTORIA de National Geographic.

 

La información tomada de las fuentes antes mencionadas solo tiene ánimo de difusión y por ningún motivo se pretende lucrar con la misma. Los derechos están reservados a sus respectivos autores.

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Responses

  1. excelente recopilación de información!
    el tema de los samurais, y en general el feudalismo en japón es un tema que me interesa mucho ^_^
    ¿Qué mangas/animes conoces que tratan sobre el tema? (a parte de rkenshin, vagabond o samurai champloo) – tengo poca paciencia para buscar XD

    saludos!

    • Pues como por ejemplo: Peace Maker Kurogane, que intenta relatar la historia del Shinsengumi (aunque actualmente el manga está acabado, debido a que la autora está trabajando en otro proyecto, y según sus palabras lo acabará más delante); Afro Samurai (no la he visto, es un anime Americano…algunos dicen que es una genialidad, otra que es el anticristo de los otakus…); Samurai 7 que combina lucha “tradicional” con mechas; Gintama, una serie bastante cómica donde se mezclan aliens + samurais + shinsengumi.
      Ahora mismo no recuerdo ninguna más espero que te sea de ayuda.

      • Ah! Y se me olvidaba comentar la serie de TV de Mononoke (no la película de Gihbli), que si bien no es de japoneses, es de terror típico japonés (con extraños monstruos y fantasmas) y que nos muestra los aspectos algo oscuros de esa época.

  2. Hola May! gracias por pasarte por el blog.
    Uff.. hay muchos animes y mangas que tratan sobre esta temática, con las alteraciones obvias y necesarias. En este momento no recuerdo los nombres de muchos de ellos (en su mayoría animes, porque mangas no tengo tanto conocimiento).
    Prometo traerte varios nombres pronto.

    Gracias de nuevo!

  3. Genial aporte histórico!!

  4. Gracias de nuevo por tu aporte Shinigamistarless!
    Otras que se me ocurre además de las que aportaste son Akayashi, Samurai Deeper Kyo, Basilisk (aunque quizás sea más ninja) y me recomendaron unas Ovas de Samurai Spirits pero no la vi aun.


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